La meditación

     La meditación es un entrenamiento mental, que se ha practicado desde tiempos remotos, en distintas formas y países, una experiencia totalmente intransferible que cada persona debe experimentar en sí misma. Es un encuentro con nuestro silencio interno, con la quietud de nuestra mente, donde, silenciadas las interferencias de nuestros constantes pensamientos, surge la chispa divina que nos lleva a una apertura mayor de nuestra creatividad, donde la paz y la serenidad, son sus principales objetivos. Muchos grandes genios y filósofos se ayudaron de dicha práctica como vía de conexión para sus inspiraciones.

     En mis primeros encuentros con el arte de meditar, mi inquieta mente me hacía sentir incómoda, siendo pocas las ocasiones en las que encontraba quietud. Supongo que tendría demasiada resistencia, demasiadas vocecitas incordiándome en la cabeza. Todo esto me impedía encontrar el momento para sentarme y practicar. Siempre había algún pretexto para no hacerlo.

Después de experimentar con diferentes técnicas y llegar a tener breves momentos de quietud, al finalizar un interesante curso, con un no menos interesante maestro, me sentí tan motivada que me propuse una rutina de veinte minutos diarios. Hasta que un día de esos del que nada esperas, tuve la increíble experiencia de vivir esa profunda alegría y paz que surge del espacio que se crea en la conciencia cuando todo se para y percibes tu propia esencia divina, la totalidad del cuerpo, la mente y el espíritu. Es un placer que no surge de los deseos mundanos (que duran bien poco), sino del propio ser, espíritu, alma o como prefiramos llamarlo. A partir de entonces, la meditación se convirtió en un deseado momento en donde sentir mi cuerpo y observar mi incesante actividad mental hasta encontrar la quietud. La meditación me equilibra y me permite que fluya esta inspiración creativa.

     Dice Eckhart Tolle, en su libro Un mundo nuevo ahora, lo siguiente: "Descubre huecos en el torrente de tus pensamientos. Sin estos huecos tus pensamientos se vuelven repetitivos, desprovistos de toda chispa creativa. No te preocupes por la duración de esos vacíos, basta con unos segundos. Es más importante la frecuencia que su duración. Detén tus actividades cotidianas y observa tu respiración. Especialmente ese punto muerto entre la exhalación y la inhalación. Hazlo a menudo a lo largo del día durante un año y observarás el poder transformador de esta práctica. Además es gratis y no tienes que asistir a ningún curso. La conciencia de la respiración, como forma de meditación, es algo tan aparentemente insignificante, tan sencillo, que seguramente te proporcionará la mejor felicidad. Con la práctica, descubrirás un placer al que podrás acceder cuando quieras. Tu cuerpo ya tiene el mensaje, y la calma aparecerá con rapidez. Podrás experimentar con diferentes meditaciones, pero la búsqueda siempre será la misma: esos espacios o silencios entre el fluir constante de nuestros pensamientos".

     Eso sí, no hay que esperar milagros, ni estados alterados de conciencia. Evitemos marcarnos expectativas a la hora de meditar. Lo que tenga que venir vendrá por sí solo. Convirtámonos solamente en los observadores de nuestra respiración, del movimiento del aire entrando y saliendo de nuestros pulmones, de sus intervalos. Ampliemos un poco el espacio en la constante sucesión de nuestros pensamientos. No juzguemos. No hagamos nada. Observemos solamente desde nuestra distancia. Estamos aportando conciencia a nuestra vida y, al hacernos más conscientes de nuestros pensamientos, podremos filtrar solo los que nos beneficien. La negatividad, una de las tendencias humanas, se manifiesta a través del incesante flujo de pensamientos nocivos que surgen de nuestro inconsciente, alterando nuestras emociones y repercutiendo en nuestras acciones.

     Tampoco debemos extrañarnos si surge algún dolor, bloqueo o emoción. Todas esas manifestaciones también forman parte de nosotros. Observémoslo tratando de no identificarnos, como si lo miráramos en una pantalla de cine, fuera de nosotros.

     Meditemos para sentir todo lo que está en nosotros. Todo lo divino que ya poseemos y quisiéramos encontrar fuera. Dice Heráclito: “Lo único permanente en la vida es el cambio”.

Teresa Blanes

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MEDITACIÓN
GRATITUD CON EL CUERPO

Respiramos profunda y pausadamente, tomamos el aire y lo soltamos lentamente, lo volvemos a tomar y lo volvemos a soltar lentamente…
Recorremos el cuerpo para conectar y relajarlo………………..
Seguidamente; sitúate en una situación vivida, recuerda un momento que te haya dejado un bello recuerdo, una sensación de felicidad o de paz.  Puede ser una experiencia gozosa con alguien o un momento de belleza en la naturaleza, o una sensación de plenitud contigo mismo.
Quédate con esa sensación agradable, sintiéndola, y dejándola que se convierta  en una plena sonrisa.
Ahora sin perder esa sensación tan placentera, lleva tu atención hacia alguna parte de tu cuerpo que rechazas, que criticas, que no la encuentras atractiva, o que te produce algún malestar o dolor……Exprésale aprecio y  gratitud, inúndala de esa sensación agradable que hace unos momentos sentías, llénala de tu aliento de vida, acógela y siéntela……… Entabla un dialogo entre tu Yo y esa zona….Imagínate que esa parte tiene voz, y te puede decir lo que siente y necesita para ser feliz…….Abre tu corazón y le ofreces cariño y comprensión…..Respira profundamente, y al inspirar imagínate una luz sanadora que penetra por tu cuerpo…..dedícate a dialogar por unos momentos con todas las zonas de tu cuerpo…a cada una pregúntale como se siente, y como puedes atenderla. Respirar profundamente de vez en cuando….Date permiso para sentir, sea lo que sea lo que sientas y no olvides ser amable contigo….Al terminar el recorrido por tu cuerpo, quédate en la placidez de observar tu respiración.

Teresa Blanes

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Meditación del testigo.

Somos más que un cuerpo, somos el observador que observa lo que nos pasa, lo llamaremos testigo, o simplemente la conciencia o el conocimiento.
En esta meditación vamos a tener la oportunidad de fortalecer tu identidad con ese aspecto objetivo de tu Yo. Para perdonar a nuestro cuerpo hay que estar en contacto con nuestro Yo, ya que es una opción consciente y deliberada.
El convertirte en testigo te facilita el sentir con más facilidad la rabia o cualquier resistencia sin que te domine. Los conflictos emocionales  inhiben la sanación mental, que evidentemente bloqueará nuestra sanción física y espiritual. Se amable contigo y escucha lo que tu cuerpo quiere decirte.   
Haz unas cuantas respiraciones profundas, soltando muy lentamente el aire... Y dedica unos minutos a observarlas.
Ahora comienza a hacer un breve recorrido por el cuerpo, conectando y relajando aquellas partes que encuentres tensión, comenzando por los pies….…para finalmente terminar en la cabeza….

Vuelve a respirar profunda y pausadamente.
Hazte la siguiente pregunta varias veces: ¿Quién soy yo? Y quédate observando por unos momentos, lo que sientes….nota tus emociones, o los cambios en tu estado de ánimo, toma conciencia de ello.
Después  vuelve a preguntarte: ¿Quién es consciente de esas cambiantes sensaciones? Fíjate en esa parte tuya que observa tus pensamientos, sentimientos y sensaciones que cambian. Tú puedes ser el observador que al mismo tiempo lo experimenta, luego no eres esos pensamientos, sentimientos y sensaciones.
Una vez que tomas conciencia del observador, céntrate en tu respiración, y quédate observando, los pensamientos que aparecen, los dejas pasar... Observaras según ralentizas la respiración que tus pensamientos  se apaciguan creándose espacios entre ellos.

Teresa Blanes

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VISUALIZACIÓN Y SILENCIO
Expandiendo paz

Respiramos profundamente, exhalamos lentamente, lo repetimos tres veces.
Vais a recordar una situación agradable, puede ser ya vivida, que recordéis como un momento de especial goce o paz, o simplemente podéis imaginar que estáis disfrutando de la belleza de un lugar determinado, quizás en la naturaleza, quizás en un lugar exotico, otra galaxia, la imaginación es ilimitada, pero lo que importa es que sea una sensación sentida, agradable y placentera…….

Ahora esa frecuencia de bienestar, la vais a canalizar hacia el corazón, toda la zona del pecho se impregna de esa energía, sentir como se expande por vuestro cuerpo, como se va empapando cada célula, cada átomo, la mente se va calmando y llenando de luz, dicha y paz, todo el cuerpo se beneficia de ese sentir, el cuerpo entero ahora está disfrutando de esa placentera sensación, es como una vibración que fluye de los pies a la cabeza, eres una bola de enregía que inclusive se expande mas allá de su cuerpo, conectándose con el resto de cuerpos, llenando la estancia.

Todo este sentir, está dentro de nosotros, somos paz, somos luz, somos creación pura, y en ese agradable sentir volvemos al corazón, respiramos en el, y nos quedamos observando ese fluir del aire que entra y sale por nuestra nariz, que inunda nuestros pulmones.

Mientras nuestros pensamientos pasan, como estrellas fugaces que observamos y desparecen, nos quedamos en ese silencio, con el testigo que observa, pero no participa……..

Teresa Blanes

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Visualización de la compasión

Practica esta visualización cada vez que necesites perdonar. Es una puerta para el perdón. No significa que la visualización por si sola realice el trabajo, pero facilita el perdón.

Siéntate cómodo, en una silla o en la cama, de modo que puedas mantener la espalda recta, estar relajado y mantenerte consciente. Ahora relájate. Recorre con tu atención todo tu cuerpo mientras vas soltando los músculos en tensión, también vas soltando tu tensión mental. Respira despacio y ralentiza el pensamiento.

Ahora visualiza un sitio especial donde estés seguro y a gusto, mejor un lugar en la naturaleza que tú imagines según tus gustos. Decóralo con flores o como desees. Es el sitio de tu recreo. Todo está luminoso y fresco, en este sitio te sientes estupendamente.
Imagina que llega la persona que deseas perdonar. Esta rodeado de luz. El tiene una actitud sonriente y afable, desea escucharte y ha acudido a una cita del corazón.

Comienzas a explicarle como te sientes con valor y buena disposición, de Yo a Yo, con el corazón abierto. Explicas como te has sentido ante los sucesos que han ido marcando vuestra relación. El escucha profundamente hasta el final, compartiendo su emoción con la tuya.

Al acabar, observa que su cuerpo va rejuveneciendo hasta ser como un niño de siete años, pero reconoces perfectamente a la persona.

Ahora escucha todo lo que tiene el que decirte, sus sentimientos de miedo e inseguridad, sus expectativas frustradas, su vergüenza y su culpa. Escúchale sin prejuicios y con paciencia.

Date cuenta cómo en cada cosa que te cuenta él no tenía más elección que la que le permitía su conciencia, el no tenía más elección que la que le dejaba el miedo que le embargaba. Todas sus heridas y programas mentales le hacían actuar así, y se manifestaban ante ti como símbolo de tus propias heridas y programas mentales.

Mientras él te va hablando, su cuerpo va tomando la forma actual. Deja de lado toda acusación y toda crítica, escucha a este niño con forma de adulto. Estás a su altura, tú también llevas un niño dentro. Mírale a los ojos. Mírale de un nuevo modo.

Siente tu fuerza interior mientras ves que la luz que ves en él también crece. Respira hondo, abandona todo temor y entrégate a un largo abrazo. Si puedes llorar, permítetelo. Permítete el tiempo que necesites antes de regresar a la conciencia ordinaria.

Curso del perdón.

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ELEVANDO NUESTRA VIBRACIÓN

 

Vamos a hacer un viaje hacia nuestro interior, primero conectamos con nuestro cuerpo físico, relajando cualquier tensión, comenzamos en los pies…piernas….abdomen….espalda….pecho…dejamos caer los hombros…
en la cabeza relajamos la frente, aflojamos la mandíbula, la lengua descansa en el paladar, hacemos ahora tres respiraciones, expulsando lentamente el aire.
Una vez el cuerpo más relajado, apartamos por unos momentos nuestros pensamientos ahora no los necesitamos, vamos a vaciar nuestras mentes, soltando el pasado y el futuro,  como pizarras en blanco en el presente…

Sabiendo que somos  energía  indestructible, sabiendo que somos seres eternos, que nuestro palpito que nos da  vida, no desaparece con el cuerpo, imaginemos por unos momentos  que esta  energía de vida, está concentrada en nuestro pecho,  como una gran bola de luz brillante, que gira dentro de nosotros…sintámosla…tal vez puede aparecer una sensación de vibración o quizás calor….una vez identificada, sentimos su expansión como hondas que van inundándonos, del centro a las extremidades… a la cabeza…como una estrella de luz que invade cada órgano, cada célula, cada parte  de nosotros….
Cada vez esta luz va teniendo más y más fuerza..  y su brillo comienza a extenderse fuera del cuerpo, ampliando su intensidad, inundando la habitación… inundando a las otras personas, luz de amor, energía pura sin límites, que avanza  llenando todo de luz…luz que se extiende, limpiando cualquier obscuridad de fuera y de dentro, rompiendo cualquier obstáculo, ampliándose…. el planeta recibe esta energía como un flujo positivo de ayuda… todo y todos nos beneficiamos de esta energía inagotable que fluye de nosotros, sabiendo que somos seres, completos y perfectos……nos quedamos el tiempo que necesitemos sintiendo esta sensación, y cuando lo deseemos,  volvemos al silencio, al observador de  nuestra respiración, de nuestra calma.
Teresa Blanes

 

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La canción olvidada

Escucha... tal vez puedas captar un leve atisbo de un estado inmemorial que no has olvidado del todo; tal vez sea un poco nebuloso, mas no te es totalmente desconocido: como una can­ción cuyo título olvidaste hace mucho tiempo, así como las cir­cunstancias en las que la oíste.

No puedes acordarte de toda la canción, sino sólo de algunas notas de la melodía, y no puedes asociarla con ninguna persona o lugar, ni con nada en particular. Pero esas pocas notas te bastan para recordar cuán bella era la canción, cuán maravilloso el paraje donde la escuchaste y cuánto amor sentiste por los que allí estaban escuchándola contigo.

Las notas no son nada. Sin embargo, las has conservado, no por ellas mismas, sino con un dulce recordatorio de lo que te haría llorar si recordases cuán querido era para ti. Podrías acordarte, pero tienes miedo, pues crees que perderías el mundo que desde entonces has aprendido a conocer. Sin embargo, sabes que nada en este mundo es ni la sombra de aquello que tanto amaste.
Escucha y mira a ver si te acuerdas de una canción muy vieja que sabías hace mucho tiempo y que te era más preciada que cualquier otra melodía que te hayas enseñado a ti mismo desde entonces.   

Más allá del cuerpo, del sol y de las estrellas, más allá de todo lo que ves, y, sin embargo, en cierta forma familiar para ti, hay un arco de luz dorada que al contemplarlo se extiende hasta vol­verse un círculo enorme y luminoso. El círculo se llena de luz ante tus ojos. Sus bordes desaparecen, y lo que había dentro deja de estar contenido. La luz se expande y envuelve todo, extendiéndose hasta el infinito y brillando eternamente sin interrupciones ni límites de ninguna clase.

Dentro de ella todo está unido en una continuidad perfecta. Es imposible imaginar que pueda haber algo que no esté dentro de ella, pues no hay lugar del que esta luz esté ausente.

 Ésta es la visión del Hijo de Dios, a quien conoces bien. He aquí lo que ve el que conoce a su Padre. He aquí el recuerdo de lo que eres: una parte de ello que contiene todo ello dentro de sí, y que está tan inequívocamente unida a todo como todo está unido en ti.
Acepta la visión que te puede mostrar esto y no el cuerpo. Te sabes esa vieja canción, y te la sabes muy bien. Nada te será jamás tan querido como este himno inmemorial de amor que el Hijo de Dios todavía le canta a su Padre.
¿Qué es un milagro, sino este recordar?, ¿Y haya alguien en quien no se encuentre esta memoria? La luz en uno despierta la luz en los demás.

Y cuando la ves en tu hermano, la recuerdas por todos.

"Un curso de Milagros"

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Elijo cambiar la visión de mi mismo.

Aplicamos este ejercicio cuando sintamos en nuestro interior algún pensamiento o sentimiento de auto-rechazo. 

No importa si en ese momento no lo sientes, estas expresando tu deseo de que así sea.

En primer lugar vamos a centrarnos.

Sentado en una postura cómoda, respiras suave y profundo exhalando lentamente…….. vuelve a respirar………

Seguidamente afloja cualquier tensión en pies y piernas, las relajamos…….

También afloja los glúteos, la espalda  recta, pero relajada……

Los hombros ligeramente hacia atrás caen, sueltos de toda tensión y con ellos los brazos y manos……..

La mandíbula floja, lo boca entreabierta, la lengua apoyada en el paladar… la frente se distiende, y con ella el entrecejo se afloja,  así como toda la cabeza…..

Estas  habitando y  sintiendo tu cuerpo, donde puedes apreciar la  energía de vida que fluye por él……siéntelo, el cuerpo se calma, la mente le sigue.

Observa ahora el movimiento de tus pensamientos, en su ir y venir, estas  activando  al observador, al testigo,  al que está fuera de todo pensar…. Al que observa sin analizar, pura presencia sin historia………….

Después de este silencio, con la mente y el cuerpo más centrados,

Vamos a hacer estas peticiones con voluntad y autentico deseo de cambio.

Es una petición a tu maestro interno, a tu Dios, a tu gurú, al amor, lo importante es tu elección de paz.
Repite muy despacio estas frases, interiorízalas y siéntelas. Tras cada una de ellas, respira y por unos segundos, siente su efecto dentro de ti, en silencio.

Elijo verme absolutamente limpio/a de toda mancha.
Elijo sentirme totalmente inocente.
Elijo liberarme de toda exigencia sobre mí.
Elijo percibirme inofensivo/a.
Elijo tratarme con amabilidad y comprensión.
Elijo sentirme en total paz conmigo mismo/a.
Elijo verme desde la plena aceptación.
Elijo verme desde la sabiduría del amor.

Finalmente, respiramos y nos dejamos sentir.

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La mirada de la Verdad

Esta visualización es un cambio de mirada hacia ti mismo.

Comenzamos relajando el cuerpo y la mente.

Cómodamente sentado, haz varias respiraciones profundas y conscientes.

Seguidamente aflojas cualquier tensión que observes en tu cuerpo.

También la cara y la cabeza se relajan. 

Nos quedamos unos momentos sintiendo nuestro cuerpo, e invitando a nuestro pensador a sentir nuestra respiración………

Después de este silencio, con la mente y el cuerpo más centrados, más tranquilos,  vamos a visualizar  la imagen de ti mismo/a, tal y como te ves en el espejo.

Solo que  no hay espejo, no hay bordes.

Simplemente te ves como siempre, vistiendo como vistes habitualmente, o en este momento,  te ves con total naturalidad, desde el ángulo o la perspectiva que decidas mirarte. 

Puede ser desde arriba o desde el frente, tu elijes….. 
Eres la conciencia viendo a tu persona.

Tu persona no puede verte. La conciencia no se ve.

Tampoco puede oírte, solo podrá sentirte.

Por eso, tras cada una de las frases que vas a repetir en voz alta, te quedaras sintiendo y respirando por unos segundos, como si recibieras de una conciencia superiorestas palabras que estas escuchando.

Repite muy despacio estas frases, diciendo tu nombre en todas ellas, al principio, o al final  de cada  frase, interiorízalas y siéntelas.

Tras cada una, respira y por unos segundos, siente su efecto dentro de ti, en silencio.

[Tu nombre], no espero nada de ti.

No necesito nada de ti, [tu nombre].

[Tu nombre], nunca te equivocaste.

[Tu nombre], te acepto totalmente tal como estás.

[Tu nombre], nunca cometiste ningún error.

[Tu nombre], eres absolutamente inocente.

Eres inofensivo/a. (tu nombre)

[Tu nombre], no se espera nada de ti.

No tienes que demostrar nada. (tu nombre)

Tu función tan solo es ser feliz, aceptarte y despertar de todo drama.

[Tu nombre], eres totalmente aceptado/a en todo momento.

 

Permanece sintiendo unos minutos en silencio.